EN BUSCA DE LA FELICIDAD

Os dejo aquí un artículo que me ha gustado.  Se llama “Las ventajas de un trabajo poco considerado”. Publicado el 15-07-2009 , por Lucy Kellaway  en Financial Times y Expansión:

Un cartero coge una carta de un montón, mira la dirección y la coloca lentamente en un casillero. Entonces coge otra y repite el proceso. Cerca, un grupo de compañeros le observan. Están preocupados por él, ya que pueden ver que algo no marcha bien. Más tarde, descubren que ha sido amenazado por un violento matón, por lo que le hacen una visita y le llenan de pintura roja. Trabajo hecho, el más grande de ellos explica con aire triunfante el motivo de su heroísmo: “¡Soy un puto cartero!”.

Pocos días después de ver esta inverosímil escena de Buscando a Eric, la nueva comedia de Ken Loach, escuché esas palabras de boca de un conocido en una fiesta en un jardín de Oxfordshire –aunque sin el improperio–. La última vez que había visto a este hombre era director de márketing de una empresa que vendía cenas biológicas. Pero, desde entonces, su empresa había sido vendida a una multinacional y, después de un breve periodo como asesor del nuevo comprador, le habían obligado a salir por la puerta de atrás.

Durante un tiempo, buscó un trabajo similar, pero descubrió que en plena recesión nadie quiere pagar a un parado de 56 años un salario de seis cifras para trabajar en labores de márketing. Así que se replanteó la situación de nuevo y decidió probar con el trabajo que había querido hacer desde pequeño. Me miró triunfalmente: “Soy cartero”, anunció.

“Blimey”, le dije. “¿Qué tal es?” Me aseguró que era el mejor trabajo que había tenido en su vida. Entonces recordé la película y me pregunté si Loach tendría razón después de todo. ¿Había una camaradería especial entre los carteros? ¿O era más precisa la visión menos sentimental de los estadounidenses –de que es más probable que maten a un compañero antes que ayudarle–?

Este conocido me confirmó que sus compañeros no eran ni simpáticos ni desagradables. No existía un compañerismo reconfortante; en cambio, sí había una ligera hostilidad derivada de trabajar media jornada, ya que ellos tienen celos de los trabajadores a tiempo parcial. La moral, en cualquier caso, también estaba bastante baja. El negocio se contrae a un ritmo del 10% anual. Y los carteros se ven obligados ahora a andar más deprisa y a entregar cantidades ingentes de correo.

Entonces, ¿cuál era el motivo de su felicidad?, me pregunté. Difícilmente podía ser el dinero –su salario bruto de 235 libras (274 euros) semanales es una décima parte de lo que solía cobrar–. Pero incluso eso, señaló, no le importaba. Sus hijos ya habían abandonado el hogar y él contaba con algunos ahorros de su antiguo empleo. Consideraba que era un salario justo por el empleo que realizaba, y me comentó que la semana anterior había hecho horas extra y se había sentido rico por haber podido comprar una pizza con el dinero. Me explicó que lo que realmente le gustaba del trabajo era que es un empleo sano. Andar durante cuatro horas era mucho mejor que estar sentado ese mismo tiempo sobre tu trasero. También confesó que le gustaba el contacto con la gente –cuando entregas el correo, llegas a saber muchas cosas sobre las personas a las que va dirigido–.

Pero seguían sin parecerme respuestas adecuadas. Entonces, dijo algo que tenía mucho más sentido. Su nuevo empleo le había permitido recuperar su libertad de pensamiento. Cuando vuelve del trabajo a la una de la tarde, no tiene que volver a pensar en él hasta las 7.30 de la mañana siguiente. En su antiguo trabajo, los asuntos de la oficina ocupaban permanentemente su cabeza.

Fue entonces cuando comencé a entender por qué ama tanto su trabajo. No tiene nada que ver con lo agradable que resulta en términos absolutos ser cartero, sino lo que supone frente a ocupar un importante cargo ejecutivo. Disfruta cargando con su carro porque sabe cuál es la alternativa. Entiende lo horrible que es pasarse toda tu vida laboral intentando hacer que la gente haga cosas que no desea y asumiendo la responsabilidad de cosas que no puedes cambiar. Lo único bueno de ser un importante gestor es el dinero y la posición; por lo demás, ser cartero es una forma mucho mejor de pasar el tiempo.

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4 comentarios en “EN BUSCA DE LA FELICIDAD”

  1. gromland Says:

    Entiendo perfectamente porqué le gustó este artículo, estimado Carlos; a mi modo de ver, hace hincapié en una de las cosas que el vertiginoso ritmo de vida (¿por qué será que esta expresión me recuerda a “las antiguas pesetas” o “marco incomparable”?) al que estamos sometidos nos impide – o conseguimos impedirnos – pensar: que en un momento dado podemos pisar el freno a fondo, dar un volantazo y seguir recorriendo, más calmadamente, la vida mientras disfrutamos del paisaje que se nos aparece.

    Afectadísimos saludos.

    PD.- Creo que finalmente mi suegra – y, sin embargo, bellísima persona – ha podido conseguirme “Puentes volados” por mi cumple (sí, he alcanzado los 37 y sigo diciendo “cumple”; triste, ¿verdad?). Se lo digo pues supongo que su novela comparte algo del espíritu del post, ¿no?. Ya le comentaré.

  2. elsonidoylafuria Says:

    jaja. Mantengo la intriga hasta que la acabes🙂

    Un abrazo!

  3. rojavesi Says:

    La felicidad, para mí la razón de todo. Los cuentos son muy dicientes, porque la felicidad es simple, como los cuentos. Quiero compartirte el siguiente, no recuerdo el autor, pero también muy diciente:

    ” Un cachorro estaba afanado tratando de agarrar su propia cola. Pasó por allí un perro viejo y sabio, y al verle tan desesperado, le preguntó:

    -¿Qué estás haciendo que te veo tan afanado en esa especie de gimnasia tan imposible?

    -Me han dicho que la felicidad está en mi cola. Si consigo atraparla, seré feliz.

    El perro sabio le miró con mansa comprensión y le dijo:

    -Es cierto que la felicidad está en la cola. Por eso, yo hago lo que tengo que hacer y voy donde tengo que ir y ella siempre me sigue”

  4. Rosa Eva Says:

    Hola!

    Me llamo Rosa Eva Rabanillo y tengo 36 añazos. Hasta los 18 Reus fué mi casa, y a esa edad trasladaron a mi padre por motivos de trabajo, primero Bilbao y luego Valladolid, donde vivo ahora.

    Últimamente con esto de internet algunos compañeros de la escuela y el instituto, me han localizado y ha comenzado a fraguarse una pequeña gran locura. Hacer una “TROBADA” DE AMIGOS DE ROSA EVA EN LA PLAÇA DEL CASTELL DE REUS, EL DIA 5 DE DICIEMBRE A LAS 5 DE TARDE.

    Por que la plaça del Castell? porque con 15 años tenía un grupo musical de instituto llamado OM y allí fué la primera vez que canté en público. Mogollón de recuerdos por tanto.

    Sé que todo esto es una locura, no me conoceis de nada… pero ¿sabeis?, pienso que solemos tener la absurda manía de dejarlo todo para ir a un entierro o cuando sabemos que alguien está mal, y yo quiero reencontrarme con la gente, ahora, que todos estamos genial y echarnos unas risas por la vida, por lo bien o mal que nos va, pero ahora que podemos contarlo y darnos un abrazo.

    Desde Valladolid, me es un poco complicado dar difusión a todo esto, contando además que aunque cada año voy a darme un tomb d’arravals, los amigos del instituto se han ido quedado en agendas perdidas en traslados.

    He hecho un cartelito que se me indicais como hacerlo podría adjuntar a modo de ilustración. De momento tengo 3 amigos localizados y ellos me echarán una mano colgando alguno por las calles de Reus, pero si pudierais hacer una breve mención en el blog…. sería la bomba, porque tiene muchisimas visitas y seguro que podría servir para llamar la atención de alguno de esos conocidos y amigos perdidos a lo largo del tiempo.

    No sé que os parece toda esta locura ¿me dais vuestra opinión?, mi e-mail es rosaeva28@yahoo.es

    Muchas gracias por estos minutos que os he robado.

    Un abrazo
    Rosa Eva


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