Archivo para noviembre 2009

FAMILIAS

noviembre 4, 2009

Una vez que usted ha depositado su voto, el asunto queda en manos de la familia de turno. A esa familia, del colorín político que sea, le corresponde luego pasarse por el forro lo prometido. Usted se cabrea, y cuando se avecinan las próximas elecciones, al jefe del clan le corresponde salir a la palestra, ponerse de rodillas, pedir perdón por el golpe que se dio en la cabeza y le hizo olvidarse de lo prometido, y asegurar que ahora sí.

Las familias defienden a sus hijos. Les colocan en buenos colegios, les aseguran la manutención con herencias, contactos, puestos. Al jefe de familia hay que obedecerlo. Si los hijos le salen díscolos, o no van a reuniones (Esperanza Aguirre ayer), o beben y desentonan (Cobo en EL PAIS), o meten la mano en la caja y se van con chaperos (Mallorca), al progenitor le corresponde dar un manotazo y recuperar la autoridad. Viendo la actitud indolente de Rajoy uno puede pensar que ya no cree en la familia tradicional.

Pero sigamos con mi tesis. En otros tiempos, cuando los hijos se hacían mayores, la siguiente generación garantizaba la atención de la vieja guardia. Como en el mayorazgo, los de más edad se llevaban la mejor parte. Se les destinaba a Bruselas, o se les colocaba en el consejo de una hidroeléctrica, en el de Renfe, en la Telefónica o en cualquier fundación. Era un mundo de patriarcas que seguía las reglas del Antiguo Testamento.

Ahora, desde el PSOE, se oyen las quejas de la vieja guardia. Al parecer, Zapatero no escancia la sidra como les gustaría. El chico pasa mucho de la memoria sentimental y no suele recompensar los servicios prestados. Solchaga le ha tirado una piedra, pero desde el partido se dice que está molesto porque no le han ayudado a entrar como consejero en Endesa. El Presidente está dejando a los más mayores a la intemperie.

Como puede verse, ninguno de los dos partidos cree ya en la familia tradicional.

COSAS QUE ME CALLO

noviembre 1, 2009

Lo hablaba con un amigo. España siempre anda a medio camino entre la descomposición y el estreñimiento. Si uno mira la tele, lee los periódicos o ve una peli, se encuentra con la misma parquedad. Periódicos estreñidos, políticos estreñidos y empresas estreñidas.

Frente a esa tendencia, cada pocos años nos invade un extraño virus. Es como si el país desayunara con All Bran, y entonces el cuerpo se purificase de pronto. A veces con un empujoncito de Garzón. Otras con la fibra que ocasionan los dossiers. Lo que está entre las tripas, sale entonces a la luz dejando a la ciudadanía con necesidad de comprar un ambientador. Y a veces emanan tantas cosas que uno piensa que no habrá papel suficiente para limpiar tanto. A menudo los escándalos saltan por arte de birlibirloque, y creemos que hay partidos más honestos que otros porque tienen un mejor bidé. Otras, cuando vienen en tromba, nos queda la sensación de vivir en un enorme wáter.

Lo importante es saber qué provoca ese virus y, sobre todo, quién lo paga. Hubo dossiers con Fraga y Matesa. Los hubo en la UCD, donde a todo el mundo le dio por lanzarse archivos a la cara hasta que Tejero nos dio un susto. En 1982, Alfonso Guerra presumía de tener carpetas con informes para aplacar al adversario. Su mera mención provocaba retortijones. Luego vinieron Mario Conde, el coronel Perote, de la Rosa, Amedo, el 11-M y las agencias de detectives tuvieron su boom. Hoy el negocio de los investigadores sigue boyante, aunque la Fiscalía Anticorrupción les hace la competencia. Ministros que caen en cacerías, directivos del CESID fotografiados mientras iban de pesca, fotos con amantes y vídeos sexuales que se filtran. En el parlamento los diputados ya no se arrojan argumentos filosóficos sino dossiers. Pongo sobre la mesa tu mierda y después hablamos. Podríamos casi afirmar que son métodos gansteriles. Que para este viaje no hacían falta tantas alforjas.

Aunque la gente prefiera el cuento de la Santa Transición, yo creo que la historia de la democracia es en realidad la historia de los dossiers. Es más, el asunto debería constar como asignatura en la universidad. La vieja idea igualitaria, a cada uno según sus necesidades, ha quedado reducida. Ahora es: a cada uno según sus carpetas. Si no tienes un archivo con información confidencial, no eres nadie. Si no has llegado lejos en la vida, puede que haya sido porque te faltaba un dossier con el que mamonear.

Al final resulta que el mejor partido político no es el que cuenta con más talento o con ideas más brillantes, sino el que tiene en sus filas a la mejor agencia  de detectives. Como ocurre en la empresa privada, no eres nada sin tu proveedor.